Mi relación con la escritura es
de las más importantes en mi vida, escribir para mí ha sido más que una mera
acción que aprendes en la escuela cuando te enseñan a juntar letras y darles
sentido en una hoja. No, para mí escribir va más allá de eso, es ser libre, es
comunicar todo lo que mi cabeza piensa en momentos en los que las palabras no
me salen por la boca, es expresar, incluso a veces escribir ha sido mi manera
de amar.
Gracias a las letras he logrado
amistades lejanas, amores imposibles, cuestiones mágicas que de otro modo no me
habrían ocurrido; la escritura me ha permito encontrarme conmigo misma en
momentos en los que me sentía perdida y también ha funcionado distintas veces
como la mejor máquina del tiempo que me deja ver quién era hace unos años,
incluso me ha permito entablar diálogos con la Fanny adolescente y dramática para
darme cuenta que lo que consideraba una tragedia hace años ahora es un juego de niños.
Escribir me ha hecho más fuerte,
más serena, más mujer y más feliz, además de que siempre he pensado que una
hoja de papel siempre es más barata que la psicoterapia. Mediante las cartas
sin destinatario que he arrojado por años a la red he permito que seres de
otros lares me conozcan incluso más que las personas que me rodean, quizá es
uno de mis mayores logros: escribir con honestidad y sentirme orgullosa de
ello.
Me he alejado de las letras por
tiempos largos, cuando lo he hecho un sentimiento de vacío me sigue, es como si
parte de mí no estuviera presente, como si me hubiesen quitado la voz aunque mi
cuerdas vocales funcionen perfecto; me aterra que un día simplemente mi memoria
no me permita continuar, que olvide como deletrear, como unir, me aterra dejar
de ser yo.
Me he permitido ingresar a este
curso de escritura para mejorar, para prender y para concluir en esta ocasión
la preparación que me haga expresar adecuadamente lo que ocurre pues amar
escribir y hacerlo correctamente son dos cuestiones diferentes que espero poder
enlazar.