Cuando era niña tenía bastantes miedos e inseguridades, era un poco antipática y solitaria, en general no me iba muy bien siendo sociable; un día una maestra solicitó hiciéramos un cuento, yo redacté el mío y lo entregué. Recuerdo haber pensando que era realmente malo y que seguro iba a reprobar, sin embargo, grande fue mi sorpresa cuando ese cuento fue elogiado por mi docente y no sólo eso, también fue premiado en la escuela; así descubrí que había algo para lo que no era mala y fui feliz.
Pasó el tiempo, me animé a comenzar un diario digital en blogger, en un inicio lo hacía de manera anónima y lo más lejos posible de las personas que me rodeaban en la "vida real", pues como dije antes, al escribir tiendo a ser bastante honesta y eso en las manos equivocadas me colocaría en una situación vulnerable. En fin, al transcurrir los años la escritura me llevó por caminos muy interesantes, dejé de lado el anónimato e incluso me atreví a escribir en blogs colaborativos (allá cuando estaban de moda); después ya más aventurera, me lancé a una revista con temas de género y demás.
Aunque la escritura me ha ayudado bastante a nivel personal, lo que me genera más desconfianza al momento de escribir es justo el hecho de sentir que no estoy preparada académicamente para ello, que mi formación como enfermera no me permite entrar de lleno o, que si lo hago, lo arruinaré por no saber redactar.
Debo confesar que para mí el mero hecho de escribir y permitir que otros te lean es ya en sí un acto de confianza, quizá en ti, quizá en quién te lee. Confiar en lo que dejas en la hoja, confiar en lo que el otro recibirá de ti.